Dios, el Admirable Consejero

Dios, el Admirable Consejero

Todas y cada una de las enseñanzas que Dios nos ha dado están escritas en la Biblia. Pero hay muchas personas que no conocen a Dios ni reconocen su voluntad, aunque leen la Biblia. La razón es que Dios ha quitado la sabiduría y el entendimiento de los que siguen los mandamientos dados por los hombres y se los ha dado solo a su pueblo escogido; Él abre sus ojos y oídos espirituales para que puedan comprender sus palabras (Is. 29:13-14, Mt. 13:10-16).

Considerando este hecho, comprendemos que Dios es en verdad el “Admirable Consejero”. Cuando vemos cuidadosamente todas las cosas creadas por Dios, podemos encontrar en ellas la profunda providencia del Creador. También podemos ver a través de la Biblia que el admirable consejo de Dios está contenido en todo el proceso para nuestra redención por medio de su venida a esta tierra.

La insondable y profunda providencia de Dios el Creador

Los peces de agua dulce usualmente nadan río arriba yendo contra la corriente. Podrían preguntarse por qué se esfuerzan en nadar río arriba aunque pueden ir fácilmente a donde quieran nadando río abajo con la corriente. Sin embargo, si nadan contra la corriente, pueden ejercitar y fortalecer sus músculos. Por eso pueden permanecer en su hábitat natural sin ser arrastrados al salado mar por una fuerte corriente.

También hay una razón por la que el viento sopla mucho durante la estación primaveral. Los árboles absorben agua y nutrientes a través de sus raíces y los envían a las ramas, para que sean absorbidos por sus brotes. Para esto, es necesario sacudir las ramas que se han congelado en los meses de invierno. Es por eso que Dios agita las ramas enviándoles viento constantemente. Si las personas tuvieran que sacudir todas las ramas de los árboles de esta tierra, ¿cuánto esfuerzo y tiempo se necesitaría?

Cuando vemos las cosas que Dios ha creado, no podemos evitar llenarnos de admiración. Lo mismo sucede con la creación de la humanidad. Sería mucho más fácil si Dios hubiera creado a todos los seres humanos del mismo tamaño y forma vaciándolos al mismo molde. Sin embargo, cuando nos fijamos en los que nos rodean, todos son diferentes. Incluso los gemelos no son totalmente iguales si los miramos de cerca. Entre siete mil millones de personas en el mundo, nadie tiene la misma huella digital de otra persona. Por eso, los policías usan las huellas digitales para identificar a los criminales. No importa cuánto trate de ocultar su identidad un hombre, pues no puede esconder sus huellas digitales. Todos también tienen iris claramente diferentes.

Dios ha puesto un código genético distinto en los cuerpos de todos, por el cual pueden ser identificados. Lo mismo debe de ser para nuestras almas. Espiritualmente tenemos nuestras propias huellas y también formas de iris. Dios hace que todos dejen rastros de sí mismos: los que hicieron buenas cosas dejan hermosas huellas, y los que hicieron cosas malas dejan huellas de maldad. Por eso, nadie puede poner excusas por sus maldades delante de Dios.

Dios juzga y retribuye a todos según sus obras (Ap. 20:12, 22:12). Por eso tenemos que pasar todos los días haciendo buenas obras, para dejar muchas huellas hermosas y no lamentarnos cuando regresemos al reino de Dios.

Dios, el Admirable Consejero que ha venido en la carne

Todo lo que Dios hace contiene un consejo sorprendente que está más allá de la imaginación humana. Dios puso el árbol de la ciencia del bien y del mal en el huerto de Edén e hizo que Adán y Eva comieran de él, usando a la serpiente que había creado para tentar a Eva. Todo esto sucedió según la espléndida y maravillosa administración de Dios para nuestra redención.

Fue también según el consejo de Dios que él vino en la carne. Dios ya había anunciado en la Biblia que vendría en la carne, y vino como había profetizado. Pero extraña e irónicamente, los que decían creer en Dios no lo reconocieron. Realmente Dios es el Admirable Consejero.

Is. 9:6 『Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.』

El profeta Isaías profetizó que Dios Padre vendría como un Hijo y que cumpliría todo como el Admirable Consejero. Isaías declaró que Dios vendría como un niño en la carne, y 700 años después Dios vino a esta tierra en la forma más humilde, de modo que nadie pudiera reconocerlo como Dios.

Is. 53:1-3 『¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.』

Cuando Jesucristo vino a esta tierra como Hijo, no tenía parecer ni hermosura, ni atractivo para que le desearan. Vino a esta tierra escondiendo completamente su gloria, para que nadie lo estimara. Todo esto fue según el consejo de Dios.

Jn. 1:1-13 『En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. […] Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.』

Si Dios hubiera venido con su imagen original y gloriosa, todos lo habrían reconocido. Pero nació en la carne, como uno de nosotros. Nació en un establo donde ni los pobres querían estar, y creció en un pueblo pobre llamado Nazaret.

No había duda de que él era Dios mismo según la Biblia, de acuerdo a las profecías dichas por los profetas. Pero como las personas solo veían su aspecto, no les parecía que fuera Dios. En el caso de Judas Iscariote, al principio siguió a Jesús, muy sorprendido por sus enseñanzas. Sin embargo, como siempre veía los aspectos exteriores de la vida de Jesús al seguirlo, empezó a dudar de Él. La razón era que Jesús se disfrazó completamente para hacer que la gente dudara o hallara tropiezo en Él: “Él no tenía parecer ni hermosura, ni atractivo para que le deseáramos. ¿Realmente puede salvarnos a los seres humanos?”

Pero Dios dio el derecho de hacernos sus hijos a los que lo reconocieron y lo recibieron. Nadie puede recibir a Dios que vino a esta tierra como el Admirable Consejero, excepto los que son nacidos de Dios.

Dios ha venido como el Espíritu y la Esposa

Dios ha venido a esta tierra de la manera más humilde y está buscando a sus hijos. La tierra es una ciudad de refugio; una prisión donde se reúnen las almas que pecaron. Jesús vino a esta tierra en la carne para inspeccionar a los pecadores del cielo, para ver si realmente estaban llevando una vida de reflexión y arrepentimiento.

Sin embargo, cuando vino a esta tierra, los que decían creer en Dios no llevaban una vida de arrepentimiento como pecadores, en cambio vivían como los que dominaban a los demás ejerciendo autoridad sobre ellos. Juzgaban a la gente solo por su aspecto, y rechazaron a Cristo que les dio las palabras de la verdad para guiarlos al cielo.

Lo mismo se repite hasta ahora. Los 66 libros de la Biblia que Dios nos ha dado, son en realidad una tarea que los seres humanos deben comprender y resolver. Pero hay muchas personas que aún no han encontrado la respuesta. Numerosas personas insisten tercamente en su propia manera, por eso no logran comprender correctamente la voluntad de Dios y terminan en una situación deplorable en la que no pueden recibir a Dios que ha venido en la carne.

Ap. 22:17 『Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.』

En la época del Espíritu Santo, Dios Padre y Dios Madre aparecen como el Espíritu y la Esposa. En un libro de crucigramas, podemos ver las respuestas de los crucigramas al final del libro. De igual manera, podemos encontrar la respuesta a todas las preguntas –el Espíritu y la Esposa– al final de la Biblia. Venir al Espíritu y a la Esposa para recibir el agua de la vida, es lo que Dios quiere que hagamos por encima de todo, y esta es la conclusión de la Biblia.

La mayoría de las personas del mundo solo conocen a Dios Padre. Esto se debe a su concepto antiguo y profundamente arraigado de Dios solo como “Padre”, a pesar de que todos los seres vivientes tienen tanto un padre como una madre. Cuando Dios Padre vino a esta tierra en la carne hace dos mil años, muchas personas no lo reconocieron y lo rechazaron. Lo mismo sucede ahora. Hoy en día, Dios Madre ha venido a esta tierra, pero muchas personas no la reciben. Sin embargo, los que escuchan la voz del Espíritu y la Esposa, los que reconocen correctamente a Dios Padre y a Dios Madre y los siguen, reciben la bendición de llegar a ser hijos de Dios, como los que recibieron a Dios hace dos mil años.

El plan de Dios por el cual vino en la carne como un inspector secreto

Si consideramos todos estos hechos, entendemos que debemos agradecer a Dios por bendecirnos haciéndonos reconocer y recibir a Dios que ha venido en la carne. Veamos qué clase de bendiciones dio Dios a los que lo comprendieron correctamente cuando vino a esta tierra en la carne.

Mt. 16:13-20 『Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.』

Pedro dio la respuesta correcta acerca de Cristo, que es el misterio más grande de la Biblia, y fue bendecido por él, mientras que los demás discípulos no. Cuando Pedro dijo que Jesús es el Hijo de Dios, quiso decir que Jesús es Dios mismo, el Padre Eterno, según la profecía de Isaías.

Como Pedro, nosotros también debemos reconocer correctamente a Dios. Si Dios hubiera manifestado directamente su poder en su venida a esta tierra, ¿quién se habría atrevido a crucificarlo? Nadie lo habría insultado ni calumniado. Pero Dios hizo un plan por el cual vino a esta tierra de la manera más humilde.

Había un sistema de inspección secreta en la dinastía Chosun de Corea. Bajo este sistema, el rey enviaba un inspector secreto real a una provincia para observar a los funcionarios locales, para ver si estaban gobernando al pueblo según la voluntad del rey. El inspector real secreto no usaba ropas lujosas con una medalla de requerimiento de caballos llamada “mapae”, y tampoco iba acompañado por muchos siervos. Usaba un sombrero raído y ropas viejas cuando viajaba a todas las regiones para ver cómo vivía el pueblo. Para distinguir entre los funcionarios fieles y los malvados, para averiguar quién gobernaba bien y quién gobernaba mal, presionando a la población, él cuidaba al pueblo y evaluaba a los funcionarios del gobierno local viajando de incógnito, y a veces sacaba de sus posiciones a los corruptos y abusivos.

Como un inspector real secreto, Dios descendió a esta tierra en la forma más humilde para encontrar a sus hijos. Entonces, finalmente pudo encontrar a sus sinceros discípulos como Pedro, Juan y Santiago. Aunque no vino majestuosamente y hacía los cultos en un lugar pequeño y pobre como el aposento alto de Marcos, todos los que reconocieron correctamente a Jesús como Dios y lo recibieron, llegaron a seguirlo.

Los hijos de Dios que participan en el plan y el propósito de Dios con obediencia

En estos últimos días, Dios Padre vino nuevamente a esta tierra y recorrió el camino del evangelio en secreto durante 37 años. Había discípulos sinceros que siguieron guardando su fe en él, y también estaban los que lo rechazaron por el hecho de haber venido en la carne. El Padre cumplió todo lo que había planeado y propuesto, a fin de que sus hijos reconocieran correctamente y siguieran a la Madre celestial, que vino a esta tierra junto con Él.

Is. 60:20-22 『Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme. El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.』

Todo lo que tenemos que hacer es obedecer todo lo que el Padre y la Madre nos han enseñado. Ya que Dios está guiando la obra de la salvación, solo necesitamos seguir el consejo de Dios con gozo en el corazón, abandonando nuestros propios pensamientos y maneras. Obedecer es finalmente participar en el plan y propósito de Dios.

En la novela histórica china “El Romance de los Tres Reinos”, aparece Zhuge Liang, un famoso estratega. Cuando formó una alianza con Zhou Yu para derrotar al ejército de Cao Cao, prometió a Zhou Yu que elaboraría 100 mil flechas para él en unos días. Le habría tomado varios meses elaborar esa cantidad de flechas aun cuando todos los soldados hubieran trabajado juntos día y noche. Sin embargo, no hizo nada. Esto fue porque tenía un plan ingenioso que nadie podía imaginar.

Un día nublado, ordenó a sus soldados elaborar muchos espantapájaros, para pararlos en varios barcos y luego poner a flote los botes. Según su orden, los soldados hicieron muchos espantapájaros y pusieron varios barcos a flote después de levantar los espantapájaros en ellos, y marcharon hacia el ejército de Cao Cao. A causa de la neblina, los soldados de Cao Cao pensaron erróneamente que sus enemigos trataban de atacarlos, y dispararon numerosas flechas a los espantapájaros en los barcos. Cuando los soldados de Zhuge Liang regresaron y sacaron las flechas, había más de 100 mil flechas.

Si Dios usa un plan así, ¿qué debemos hacer? Si Dios nos dice que hagamos espantapájaros aunque no tengamos suficiente tiempo para hacer flechas, debe de haber cierta voluntad de Dios para nosotros. Ya que el plan y el propósito de Dios están más allá de nuestra percepción o comprensión, solo tenemos que seguirlo.

Si Dios, que es el Admirable Consejero, nos dice que guardemos el día de reposo, debe de estar ahí la profunda voluntad o el propósito de Dios. Sin embargo, la gente considera el día de reposo como parte de la ley del Antiguo Testamento, y no lo guardan. Por eso Dios ha distinguido a los que guardan los mandamientos de Dios de los que no lo hacen. Cuando Dios vino a esta tierra en la carne por primera vez, distinguió a los que creían en su nombre y a los que no, y guió a sus hijos que creían en Él al camino de la salvación. En estos últimos días, Dios Padre y Dios Madre han venido juntos para completar la obra de la salvación.

Hoy también vivimos por el consejo de Dios. Si reconocemos que Dios es nuestro “Admirable Consejero”, tenemos que obedecer lo que Dios dice; esta es la obra más importante que tenemos que hacer. Si Dios nos dice que marchemos alrededor en silencio siete veces, permanecer en silencio es obedecer a Dios; y si Dios nos dice que gritemos, gritar es ser obediente a Dios. Así como la ciudad de Jericó cayó cuando los israelitas hicieron lo que Dios les dijo, la Babilonia espiritual también está cayendo ahora. Ya que Dios nos dijo que él lo haría en su debido tiempo, sigamos a Dios por dondequiera que vaya.

Me gustaría agradecer una vez más al Padre y a la Madre por su propósito y plan admirables, por lo cual han venido a esta tierra en la carne. También me gustaría agradecerles por bendecirnos al hacernos reconocerlos y recibirlos. Pido seriamente a todos ustedes, hermanos y hermanas de Sion, que comprendan la providencia de Dios que es el Admirable Consejero, y que den más gratitud, alabanza y gloria a Dios Padre y Dios Madre que han venido a esta tierra.